Viernes 05 mayo, 2017

[REVIEW] CRUZ FESTIVAL

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El tres de mayo, La Sala montó su propia cruz para celebrar a su manera una de las fiestas con mayor arraigo y seguimiento popular de Granada. Como fondo musical no sonaron las sevillanas, sino el rock and roll en directo.

Un Día de la Cruz con todos sus ingredientes tradicionales: decoración floral y farolillos colgantes, barra y paella a partir de las dos de la tarde… pero con un ambiente festivo agitado al ritmo que marcaron en vivo cinco bandas nuevas e interesantes (cuya variedad sonora gira alrededor del rock) y las posteriores sesiones de dj’s. La Sala se marcó un día de fiesta diferente y que resultó ser la mar de entretenido.

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El arrocito servido tres horas antes hizo las veces de combustible para un público al que se le preparó una excelente tarde musical que comenzó a eso de las cinco. The Fixed fueron los encargados de abrirla. El jovencísimo trío dejó claro que el rock (en su vertiente más bluesera) cuenta con herederos y continuadores dotados de una técnica sorprendente y un pasmoso saber estar encima del escenario que auguran, tanto al género como al grupo en cuestión, una larga y fructífera vida.

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La actuación de The Fixed caló también entre los Arapahoes. “A su edad yo sólo tocaba canciones de Los Secretos”, comentaba Fermín, vocalista de los jienenses, que, haciendo gala de un gran sentido del humor y sobreponiéndose a la afonía que padeció días atrás, ofreció junto a sus tres compañeros un set rocoso y sin fisuras de un stoner metálico demoledor, con una potencia arrolladora que puso en jaque al cable de la guitarra. Pese a todo, el concierto demostró con creces la pegada que poseen.

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Llegó a continuación el tiempo del punk. Uralita & Los Fibroesqueletos se estrenaban sobre las tablas en esta fecha tan señalada. Primerizos como banda, pero con la presencia en sus filas de músicos hiperactivos dentro de la nueva hornada rockera de Granada, como los Perro Mojado Álvaro Tapiador y Antonio El Deshollinador, este último además integrante de Los Harakiri. Dejaron su tarjeta de presentación con un concierto breve aunque intenso, divertido y muy bien caracterizado por un vestuario “esquelético”.

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Los ecos del 77 siguieron siendo evocados y regurgitados por CRÜZ, grupo que, para la ocasión, venía como anillo al dedo. Nacieron en 2016, como ellas mismas dicen “de la desidia de [sus] cuatro almas nostálgicas y rabiosas, dispuestas a comerse “lo que quede” de este planeta. Haciendo honor a su manifiesto fundacional, mordieron y contagiaron de rabia a la concurrencia. Fuerza, melodía y algún toque folclórico que incitan a seguirlas en un vía crucis punk de calvario, muerte y resurrección súbitas.

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El toque final corrió de la mano de Black Bone Tango, de los que pudimos disfrutar en el mismo escenario en septiembre del año pasado. Su rock de raíces fronterizas, ambientes áridos, crescendos épicos y momentos rítmicos y elegantes los sitúan como una de las bandas emergentes con más posibilidades de alzar el vuelo. Calidad como intérpretes (versionando, por ejemplo, a Iggy And The Stooges en “I need Somobody”) y sobre todo buenas composiciones como las que volvieron a tocar, no les faltan.

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De esta manera, invirtiendo la tendencia habitual a la hora de festejar Las Cruces de Mayo, pasamos en grande la tarde-noche del día tres en La Sala. Esperemos que iniciativas como esta se mantengan durante mucho tiempo dando lugar a nuevas tradiciones que rompan con el binomio “típico-tópico”.

[José de la Interzona]

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